La Agonía


-Han pasado días desde la última vez que habló, han pasado días desde la última vez que parecía cuerdo. La noticia le ha cambiado la vida, ¿recuerdas cuando era una de las personas más felices del mundo solamente junto a ella, la persona que más amaba en este mundo?

-Claro que lo recuerdo, solían caminar juntos por el parque, solían reír de cualquier cosa, nunca había visto una pareja que congeniara tan bien, que se amara tanto. El accidente le cayó muy mal, la vida le cambió de repente, el infierno se hizo presente frente a sus ojos, y las lágrimas han fluido desde entonces.

Él era una de esas personas que se sentía contento de haber encontrado a alguien tan perfecta como ella, de haber congeniado, tan fácilmente, de haberse amado tan fuerte. Se casaron en una tarde de verano, con el sol al frente de ellos, jurándose amor eterno, y con las mejores esperanzas de vida, querían tener hijos, 2 para ser exactos, pero la tragedia llegó primero. Cuando se enteró no supo que hacer, no quería creer, no podía dar fe a lo que le decían. Recordaba como la noche anterior, antes de que todo cambiara habían salido a cenar, había fuegos artificiales porque era el aniversario del pueblo; como le encantaban los fuegos artificiales, le hacían recordar su niñez, él la miraba contento, pensando y agradeciendo al destino por haberle puesto a esa mujer al lado.

La mañana siguiente del comunicado oficial, el hombre perdió la razón, maldijo al destino, culpándolo de ser tan vil y desgraciado, no quería hablar con nadie, no quería recibir a nadie. Esa mujer le había cambiado el mundo, le había enseñado cosas que él nunca supo deducir, y que a pesar de su inteligencia, nunca supo materializar, hasta que llegó ella y todo cambió.

No quería olvidarse de ella, había llorado ya mucho, había sacado casi toda la desesperación que tenía dentro, hubiera dado cualquier cosa para poder verla de nuevo, conversar una vez más, besarla una vez más; pero nada de eso era ya posible. Había comprado fuegos artificiales, los clavó en su patio trasero, quería volver a recordar la última noche que salieron juntos, quería que esos recuerdos perduren para siempre, no quería olvidarse de nada, porque si lo hacía, ella moriría del todo, y el nunca permitiría eso. En un momento empezó a llorar, recordando la última conversación que habían tenido:

-Sabes mi amor, los fuegos artificiales siempre fueron mis favoritos, ves destellos de luz, que iluminan la noche y no puedes no quedarte sorprendido por su belleza, aprendes muchas cosas acerca de la naturaleza humana, empiezas a rememorar muchas cosas del pasado, tan sólo con ese destello de luces. Te amo, agradezco todo lo que he vivido a tu lado, agradezco el día en que nos conocimos, el día en que nos casamos, eres la mejor persona que he podido conocer, y quiero que siga siendo así, la vida me enseño muchas cosas, pero contigo he aprendido muchas más, gracias por todo.

– No tienes nada que agradecer mi amor, eres lo más importante para mí, eres mi sueño hecho realidad, quiero envejecer contigo, quiero pasar el resto de mis días a tu lado. Te amo, te amo no sólo porque me elegiste, te amo porque a tu lado también he aprendido muchas cosas, y quiero seguir aprendiendo de ti, eres la persona más especial del planeta… mira acaban de empezar los fuegos artificiales.

Él simplemente lloraba, recordaba cada momento con ella, cada latido de su corazón, sólo lloró y lloró, toda la tarde estuvo frente a los fuegos artificiales que había comprado, no podía soportar el corazón hecho pedazos, no podía soportar el nudo en su garganta, el hecho de que ella no estaba más, lo indujo en la más absoluta depresión, lloró toda la tarde, lloró toda la noche y al final durmió, tendido en el patio de su casa, esperándola, tratando de pensar que todo era una pesadilla más, pero no.

Se levantó a la mañana siguiente, con los ojos hinchados, no comió durante el día, agonizaba en su tristeza, se ahogaba en sentimientos, moría en cada segundo; el tiempo se le hacía lento, la vida se le iba rápido.

Dos días más, dos noches más, sufrimiento en su estado puro, lágrimas cansadas, agonía incesante, los fuegos artificiales permanecían afuera, esperando ser prendidos.

De un momento a otro, salió por la puerta de su casa y empezó a correr hacía los fuegos artificiales, y entre sollozos los prendió, vio como los colores se mezclaban, vio como la sentía viva una vez más, por primera vez en una semana sonreía, “esta en un lugar mejor ”, pensaba. Vio como los colores formaban arcoíris, todas las tonalidades de colores las tenía a corta distancia, recordaba la última conversación que tuvieron, y ya no lloraba, agradecía los momentos que pasó con ella, sabía que estaba ahora en un lugar mejor, se reía de todos los chistes y bromas que alguna vez se hicieron juntos, era la felicidad que muchos esperan encontrar pero que solo unos cuantos pudieron alcanzar, él sabía que todo cambiaría pero ya no veía el lado malo, tenía en su mente un álbum simbólico de recuerdos, y con eso podía seguir adelante, recordando, madurando, y esperando a ese momento en el que puedan estar juntos de nuevo, esperando ese futuro, en el que la vida vuelva a juntarlos. Veía los fuegos artificiales y se sentía libre, tal y como cuando la conoció por primera vez.

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