Travesía para votar


A veces las personas tienen que hacer cosas que no quieren, ok miento, siempre hacemos cosas que no queremos, pero igual lo hacemos por obligación: el trabajo, el gobierno, tu mami, tu papi, el perro, el gato, etc.

El domingo 3 de octubre hubo elecciones

Salí a las 11 de la mañana de mi casa, días antes ya había averiguado dónde tenía que votar, no quería estar viendo mi lugar de votación a última hora y con el apuro característico de todo peruano.

Sin embargo cómo ya lo he dicho antes, basta algo muy simple para que un plan cambie completamente. A los pocos minutos de haberme subido y golpeado en la combi, sentí como que ese día no iba a terminar tan simple cómo pensé. Estuve parado unos minutos hasta que se bajo una señora y el cobrador me dijo: “chino, ahí hay un asiento”, ya me había dado cuenta que el asiento era muy pequeño y que ni fregando iba a entrar, entonces miré al cobrador, mire al asiento, al cobrador, al asiento, cobrador, asiento y me senté….incomodo pero me senté.

Hubo el carro avanzado unos cuantos metros cuando de repente el conductor cambio de ruta, aduciendo que habían cerrado la ruta normal. Mi plan perfecto se había ido al carajo. Y después de un poco de incertidumbre:

-Nadie baja en Sedapal, no?

-Yo bajo en Sedapal- le dije

-Ya chino simplemente caminas de frente y volteas a la derecha

-ya chévere

Sin querer mientras caminaba pude divisar el nombre del colegio en el que me tocaba votar. Tuve que cruzar un desolado terreno lleno de piedras y montículos de tierra. Me daba la impresión de que de algún hueco iba a salir un perro radiactivo un hombre lobo con rabia. Igual lo crucé y como siempre, casi me caigo.

Llegué al colegio y el policía me dijo que la puerta de entrada era por la parte de atrás, o sea que las cosas funcionaban al revés, entrabas por donde salías y salías por donde entrabas. Me tuve que dar la vuelta y para mi sorpresa había dos puertas, busqué mi mesa de votación en la primera puerta, no la encontré, pero me di cuenta de que la cola era muy pequeña, y me dije: si en la otra puerta también la cola es de este tamaño, voy a salir al toque. Graso error.

Efectivamente encontré mi mesa de votación en la otra puerta, lo único malo fue que la cola no era como la de la otra puerta, sino que era mucho peor. Seguí la cola, al final la cola volteaba dos esquinas, o sea terminaba exactamente en la puerta por donde iba a salir. Me arrepentí de no haber llevado celular, no tenía música, estaba aburrido, tenía sed, veía gente ir y venir, una chica se me pegaba mucho, creo que me quería robar. Me tomó media hora llegar hasta la puerta del salón para emitir mi voto y largarme de ahí.

…..

Una vez  depositadas mis cedulas en el ánfora, el tipo de la mesa me dijo: Mete tu dedo medio en la tinta indeleble. Lo cual por supuesto hice, estuve tan emocionado que sampé todo el dedo en la tinta, y al final se me quedó morado hasta la mitad. Me reí. Se rieron. Recogí mi DNI  y me fui, feliz y contento de que por fin ya me iba a ir a mi casa, a dormir. El único problema fue que me tuve que regresar caminando porque no pasaba ningún miserable carro.

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2 comentarios en “Travesía para votar

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